23 jun. 2009

Amanecer en Villamanrique


















Me despierta el sonido de unos vasos tintineando y me extraño ¿donde estoy? Abro los ojos: estoy en una habitación blanca...ah! ahora recuerdo: es la casa de campo de Juan, nuestro anfitrión. A través de la ventana abierta, donde ondula una cortina blanca mecida levemente por la brisa de la mañana, oigo el agradable cantar de unos pajarillos dando la bienvenida al nuevo dia.
Aunque se que hay que ir a trabajar y aunque los demás se han levantado ya y solo quedo yo en las literas ya vacias, no me apresuro, me quedo aún tumbada y dejo un rato vagar mi mente por la noche de ayer, cuando los invitados de Juan se fueron yendo después de mirar entusiasmados Saturno y algun otro objeto por mi telescopio y solo quedamos bajo la noche sin luna y la via láctea cuatro amigos: Jose y Alejandro en la piscina bañándose a oscuras, yo sentada en una de las hamacas al lado de la piscina fumando y mirando la noche estrellada, Juan trastea en su casa, viene y enciende una pequeña vela sobre la mesa, trae ron miel y unos vasos con hielo. Aquel lugar, que no cuenta con luz eléctrica, tiene un encanto especial iluminado por las velas distribuidas por el porche.
Cuando Juan y Jose se van a dormir yo aún me quedo alli sentada mirando Scorpio, Sagitario y una bonita Via Láctea sobre el oscuro cielo Sur, milagrosamente oscuro en aquel lugar donde al sur solo está Doñana. Alejandro ha cogido mi telescopio y apunta a Jupiter; me va contando entusiasmado lo que ve: tres satélites, las bandas marrones del planeta, me va preguntando como se llaman los satelites de Jupiter, le digo que busque la gran mancha roja,..y mientras, un acogedor sueñecillo se va apoderando de mi...
Me incorporo por fin y aparezco por el amplio y acogedor salón de la casa. Juan pregunta si quiero un café y una ducha con agua templada calentada por el sol del dia anterior. Y alli estoy junto a la piscina, con el cielo por techo duchandome al tibio calor del sol del amanecer. Y aun dio tiempo, después del café y de recoger el telescopio, que habia dejado anoche fuera empapándose de rocio, de coger higos de una higuera que Juan tiene rebosante de frutos.
Con las manos algo pegajosas de leche de higos me encuentro bajando a Sevilla en el coche de Jose, atravesando campos con luz aún dorada mientras el sol termina de remontar y escuchando la embriagadora música de "Everything but the girl". A las 9 estoy puntual en el trabajo, tan temprano y a mi me parece ya tan tarde! tarde porque yo ya vengo de ver estrellas, de ducharme bajo el amanecer, de recoger higos, de escuchar pajarillos, de conversar un rato con tres amigos, y de venir charlando animadamente en el coche con Jose en vez de callada y sola en el traqueteo habitual del metro. Llegamos a Sevilla y esta avenida de Los Remedios me parece de pronto un infierno con su ruido de coches y tanta gente caminando con prisa hacia sus oficinas.
Abro la ventana de mi sala, enciendo el ordenador y me siento dispuesta a pasar un dia como tantos otros aqui secuestrada, pero de repente, al fondo de ese frenetico ruido de coches y autobuses comienza a llegarme una inesperada y agradable música. Es sin duda ahi afuera en la calle donde suena, me asomo pero no veo a nadie, solo gente que sigue yendo y viniendo presurosa; me siento de nuevo, allá afuera la musica sigue sonando, lejana pero evidente, tiñendo de extraña magia la mañana ¿de donde vendrá? es una melodia tocada en un acordeón...
Entonces empiezo a pensar que tal vez despues de todo hoy sea de verdad un dia mágico, que tal vez hoy el dia esté solo lleno de cosas buenas, que tal vez hoy hasta algún sueño se haga realidad.

2 comentarios:

José Félix dijo...

Como siempre, cuentas y cuando lo leo,me parece que lo vivo de nuevo. Gracias, Isabel.

Juan dijo...

Ya te lo dije, pero para que quede aqui constancia publicamente...que bonita descripción.
Me haces darme cuenta de más cosas.
Gracias